Bajo la aparente tranquilidad de esas aguas semicongeladas se esconden el 30% de las reservas de gas y el 13% de los yacimientos de petróleo, además de oro, plata, níquel y diamantes
El Ártico se deshiela. Bajo esa mole blanca afloran minerales, petróleo, gas, y pesquería. En un gesto de fuerza, algunos países como Rusia ya se han posicionado y enarbolan su bandera a más de tres mil metros
de profundidad, como cuando el hombre llegó a la luna. Se estima que para el año 2040 el transporte marítimo tendrá un volumen considerable, con repercusiones climáticas impredecibles.
Los cambios climáticos provocan el deshielo de los polos. Pero la codicia de algunos países acelera ese proceso de manera todavía más directa, urgidos por la crisis económica y la necesidad de acumular materias primas, cada vez más escasas, más caras y más difíciles de encontrar. Parece como si el hombre no hubiera salido aún de las cavernas, en esa lucha constante por mantener el fuego en su poder.
Los “dueños” de los 50.000 kilómetros cuadrados de hielo menguante –la menor extensión desde 1979- son Rusia, Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y Noruega. Pero las disputas, discusiones y pataleos por hacerse con una parcela de Ártico, también incluyen a Islandia, Suecia y Finlandia. Bajo la aparente tranquilidad de esas aguas semicongeladas se esconden el 30% de las reservas de gas y el 13% de los yacimientos de petróleo, además de oro, plata, níquel y diamantes, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos. Ante semejante banquete, las multinacionales ya se han posicionado.